A 40 días: lo que su muerte vino a enseñarme sobre la vida

Hace 40 días mi madre murió en mis manos. 

Hay experiencias que parten la vida en dos. 



Y, sin embargo, aquí estoy. No para hablar de la muerte. Sino para hablar de la vida. Porque eso fue lo que ella vino a enseñarme.



Lo escribo así, directo, porque es la verdad, y porque llevo cuarenta días aprendiendo que no hay forma suave de decir lo que pasó. Solo hay formas honestas.



Venía llegando de Turquía. Apenas nueve días de haber aterrizado, todavía saboreando el viaje, todavía integrando todo lo que ese territorio me había movido. Pasé esos días en su casa, compartiendo fotos, aromas, tés de este viaje y, recuerdos de cuando viajamos juntas a Turquía años atrás. Ella prendada de ese país como pocas veces la vi prendarse de algo.



Y de pronto, en mi siguiente visita, llegué a su casa y la encontré en medio de 

 un evento cerebrovascular. La sostuve. Estuve ahí. Y en mis manos, perdió la vida.

Lo inesperado no avisa

Fue una de las experiencias más impactantes de mi vida. Primero, por lo sorpresivo, por lo inesperado, por la certeza brutal de no poder hacer absolutamente nada para ayudarla. Después, porque tener entre las manos a tu madre en el momento en que muere te reorganiza por dentro. Genera un antes y un después que impacta directo en cómo entiendes los procesos de vida-muerte-vida.



Yo, que llevo tantos años acompañando ciclos de vida en otras mujeres, no dejo de sorprenderme de cómo la vida es inesperada. De cómo, justo cuando crees que llegaste a un remanso, vuelven a presentarse experiencias insospechadas — solo para regalarte, otra vez, un periodo de inestabilidad que en realidad es movimiento- evolución.

Lo que su muerte trajo

Así fue su partida: vino también a regalarnos una gran constelación familiar. Toda la familia extendida reunida, sus hermanas, mis primos, sumando gente que hacía tiempo no se encontraba en un mismo espacio. Nombrando, agradeciendo, remendando, resarciendo, uniendo lo que estaba disperso.


Yo sigo sosteniendo el vacío que la muerte deja. Y al mismo tiempo sostengo esa sensación infinita de potencial que también deja. Hay que hacerse cargo de lo material, de los trámites, de lo que la vida física exige después de una muerte — y aun así, al ir cerrando ese proceso, se siente que la vida se está presentando con cosas nuevas.


Un cambio radical de localidad. Vínculos que se están reacomodando. Y una nueva fecha para volver a Turquía, en octubre.


Turquía, con otra capa, una vez más.

Ese viaje ya no será solo un regreso a un territorio que amo. La primera vez lo recorrí con mi madre, la vi enamorarse de cada rincón. Hoy, con ella en otro plano, cada templo, cada portal que ahí se abre, va a cargar una profundidad distinta. No solo porque tengo una relación más íntima con ese territorio y con lo que ahí se activa, sino porque ella va a estar presente de otra forma.



Si sientes que también hay algo tuyo por soltar, por honrar, por activar — este octubre te espero en Turquía. Es un viaje íntimo, para máximo  12 mujeres, del 3 al 18 de octubre: conoce el itinerario completo aquí.

Mujeridad, entendida desde el cuerpo

A 40 días, puedo decir que esto también es mujeridad. Es entender los ciclos de la vida no como concepto, sino como carne. Es entender más profundo eso de que la vida-muerte-vida se nos va en un instante.


Por eso, en Lounge Mujeridad, octubre está dedicado justo a esto: muerte simbólica y renacimiento personal. Cerrar ciclos, abrir espacio para la nueva versión de una misma. No lo diseñé pensando en lo que iba a vivir — pero así es como funciona esto, ¿no? La vida se adelanta a lo que después vamos a necesitar nombrar. Si estás en una transición y sientes que necesitas sostén real, mes a mes,
aquí puedes conocer el Lounge.

A 40 días, puedo decir que esto también es mujeridad.

Es entender los ciclos de la vida no como concepto, sino como carne. Es entender más profundo eso de que la vida-muerte-vida se nos va en un instante.


Por eso, en Lounge Mujeridad, octubre está dedicado justo a esto: muerte simbólica y renacimiento personal. Cerrar ciclos, abrir espacio para la nueva versión de una misma. No lo diseñé pensando en lo que iba a vivir — pero así es como funciona esto, ¿no? La vida se adelanta a lo que después vamos a necesitar nombrar. Si estás en una transición y sientes que necesitas sostén real, mes a mes,
aquí puedes conocer el Lounge.

Lo que me queda

Su muerte no solo implicó el impacto del momento. También fue el regalo de observar, en tiempo real, con actores reales, cómo una familia se reorganiza, se nombra, se agradece, se reúne.

A 40 días, sigo aquí. Sosteniendo el vacío y el potencial al mismo tiempo. Caminando hacia Turquía otra vez, hacia ella otra vez, de una forma nueva.


Gracias, mamá.


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